Carta a la Sangha de Raphaël Doko Triet, abad del templo
“No decir, no explicar, no mostrarlo todo, es una ofrenda.”
Queridos amigos,
En la carta de la semana pasado mencioné el hecho de que en los tiempos antiguos, cuando un calígrafo realizaba una que reflejaba su propio estilo, dejando una marca, a eso se le llamaba “sombra del corazón”.
No querer ni mostrar, ni explicarlo todo, es una ofrenda. Esta ofrenda hace que la persona que la recibe se ponga a caminar por sí misma hacia aquello que no se ha dicho, hacia aquello que no se mostrado y que ha quedado por explicar.
Se dice, que para que sus discípulos pudieran crecer, el Buda Shakyamuni, murió veinte años antes de hora. Ofreció años de su vida para que ellos hiciesen por sí mismos una parte del camino.
Cuando el Maestro Deshimaru murió, éramos todos muy jóvenes y fue como un terremoto para nosotros. No estábamos preparados. Hemos tenido que aprender, cometer errores, caer y levantarnos de nuevo. Al principio, rompimos, más o menos, las relaciones con Japón y unos años más tarde, las reanudamos de nuevo. Así titubear y equivocarse forman parte del camino. Si se nos hubiera explicado todo, no habríamos sido capaces de darnos cuenta y de aprender por nosotros mismos. Y continuamos aprendiendo. Andar a tientas no significa que dudemos, sino más bien que andamos buscando el camino, que vamos encontrando una vía, igual que el agua que baja de la montaña, serpentea, bordea y fluye tranquilamente.
Sensei nos decía a menudo: "Nada entra en una botella ya llena.»
Se refería a aquellos que siempre creen tener una opinión sobre todo, que están satisfechos de todo y completamente saciados y ya no pueden ver ni oír nada más.
Los calígrafos, los pintores de antaño no terminaban sus obras firmándolas. Al contrario las dejaban incompletas, sin firma; con la mirada y la imaginación, el que se acercaba a contemplarla, podía continuar dándoles vida. De ese modo el agua del torrente continua fluyendo y encuentra su camino.
Sucede lo mismo con nuestra práctica, no debemos cerrar nunca las puertas, sino hacer que el aire siga pasando, que el agua siga fluyendo.
Nuestro querido monje Ryokan nos dice:
¿De dónde vienes? Por los caminos del sueño Desafiando a la noche... Cruzando las profundas montañas Cada día cubierto Por más nieve.
De mi alma a tu alma
Raphaël
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